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Por qué debes aprender a luchar

Una reflexión sobre combate, poder contenido y la diferencia entre ser pacífico y ser inofensivo.

Aprender a luchar no significa amar la violencia. Significa dejar de ser una persona que solo puede esperar que el mundo sea amable y pacífico.

Significa hacerse compatible con la realidad.

La paz solo tiene valor moral cuando nace de alguien capaz de hacer daño y decide no hacerlo. Si no puedes luchar, no eres pacífico. Eres inofensivo.

Ser inofensivo no es una virtud. Es una condición. Puede ser cómoda, incluso socialmente premiada, pero no es bondad.

La bondad exige elección. Y solo puede elegir quien tiene libertad para elegir, y esa libertad no se obtiene sin poder.

Mucha gente confunde incapacidad con virtud. Como no puede hacer daño, llama paz a su impotencia. Y a los que son capaces de ejercer la violencia, los señala y los denuncia como si de bestias se tratasen.

Esa es la tiranía de los débiles: convertir su propia impotencia en superioridad moral.

No digo esto desde una fantasía filosófica sobre la violencia. Hablo desde una relación larga con el combate y la estrategia.

Desde pequeño siempre me llamó la atención el combate. Me sentí atraído por él. Era algo divertido de ver. Era bello.

La necesidad de tener que defenderme de agresiones y de abusos me llevó a entrenar un arte marcial por primera vez. En esa época estaba obsesionado por el boxeo. Así que el boxeo fue.

A lo largo de mi juventud experimenté diferentes estilos: karate, sanda, muay thai, etc.

En la época de la universidad empecé con el kendo y el iaido. Las espadas siempre me han atraído. Tienen una elegancia y una belleza única.

A día de hoy, sigo entrenando los básicos por mi cuenta. Volveré a entrenar en un gimnasio otra vez.

No soy un experto absoluto, ni pretendo serlo. Pero tampoco hablo desde la comodidad de quien nunca ha recibido un puñetazo en la cara.

La mayoría de nosotros no vamos por ahí buscando problemas. Pero hay momentos de la vida en los que los problemas te buscan a ti.

Y tarde o temprano, llegan.

Lo cual te plantea una pregunta incómoda: sabiendo que los problemas van a llegar, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a prepararte para enfrentarlos? ¿O vas a huir?

Qué prefieres, ¿ser un guerrero en un jardín? ¿O un jardinero en una guerra?

Aquellos que saben usar una espada pero la mantienen envainada heredarán la tierra.

Cuando sabes que puedes defenderte, cuando sabes la capacidad que tienes para la destrucción, caminas distinto. Hablas distinto. Te mueves distinto.

No por arrogancia. Al contrario: porque ya no tienes nada que demostrar. Porque tienes una confianza absoluta en ti mismo. Porque has atravesado entrenamientos, acondicionamientos físicos, combates y competiciones que han redefinido tus límites.

La persona verdaderamente peligrosa no es la que amenaza. Es la que contiene su ira silenciosamente y espera el momento de actuar.

No busques la violencia. No la romantices. No la uses para llenar vacíos de ego. Pero tampoco la repudies, ni la odies, porque forma parte de ti.

Pero entiende esto: hay momentos en que la violencia es necesaria. Para defender tu cuerpo, tu casa, tu familia, tu dignidad.

Llegado ese momento, no basta con tener razón. Hay que poder actuar.

Nunca dar el primer golpe. Pero asegurarse de que no habrá un segundo.