Saltar al contenido

ARTICLE //

Acepta las cosas que no puedes cambiar

Una reflexión estoica y budista sobre distinguir lo controlable de lo incontrolable.

Señor, concédeme serenidad para aceptar aquello que no puedo cambiar, coraje para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para saber la diferencia. –Plegaria de la serenidad.

La distinción entre lo que podemos y no podemos controlar — que también aparece en algunas doctrinas budistas — es fundamental porque nos libera de la ansiedad y la frustración por controlar cosas que realmente se escapan a nuestro control. Nos recuerda que aquello que controlamos depende de una única cosa: nuestra mente.

Así es, incluso tu cuerpo físico no entra del todo en el círculo de cosas que puedes controlar. A fin de cuentas, en cualquier momento podrías padecer una enfermedad o sufrir un accidente.

Pero no es tan mala noticia, porque así disminuye drásticamente la cantidad de cosas en las que tienes que pensar.

La simplicidad otorga claridad.

Mientras todo el mundo va de un lado al otro con una lista kilométrica de responsabilidades (muchas cosas de las que de hecho, no son responsables), tú solo tienes una responsabilidad.

Solo tienes que hacerte cargo de una cosa: tu mente.

Nuestra mente a su vez controla otras muchas decisiones y comportamientos que tenemos. Veamos algunos:

  • Tu actitud.
  • Cómo te tratas a ti mismo.
  • Cómo gastas o inviertes dinero.
  • Tus creencias.
  • Los riesgos que eliges correr.
  • La frecuencia con la que entrenas.
  • Tu perspectiva.
  • Qué haces en tu tiempo libre.
  • Cómo de amable eres con los demás.
  • Los libros que lees.
  • El tipo de comida que comes.
  • Cuánto esfuerzo pones en lo que haces.
  • Sonreír o no sonreír.
  • Cuántas veces dices “te quiero”.
  • Si juzgas o no lo que hacen otras personas.
  • Cómo de sincero eres.
  • Cómo interpretas lo que pasa.
  • Si vuelves a intentarlo o no.
  • Si pides ayuda.
  • Cómo expresas tus sentimientos.

Algunas cosas están bajo nuestro control, mientras que otras no. Dentro de nuestro control está la opinión, la motivación, el deseo y, en pocas palabras, aquello que podemos hacer. Lo que no está bajo nuestro control es el cuerpo, la propiedad, la reputación y, en definitiva, aquello que no podemos hacer. –Epicteto, Enquiridión.

Con esto llegamos a una aterradora conclusión: eres el elemento decisivo. Posees el poder para hacer tu vida miserable o para llenarla de alegría.

Puedes ser una herramienta de tortura o un instrumento de inspiración. Puedes humillar o animar, dañar o curar. En todas las situaciones es tu reacción la que decide si la crisis se intensifica o se atempera.

El 99% del sufrimiento está creado en tu cabeza, por ti y tus pensamientos. El 1% está causado por la realidad, por lo que realmente ocurre y por el resultado.

La mayoría del tiempo, el problema no es el problema. Es lo que crees que es el problema.

Si te encuentras metido en un agujero, deja de cavar. No empeores las cosas. No reacciones porque sí. Déjalo así. Más tarde, planea cómo salir del agujero.

A un hombre se le puede quitar todo menos una cosa, la última de las libertades humanas: elegir su actitud en cualquier circunstancia.

Ciertos acontecimientos nos atormentan más de lo que deben, otros antes del tiempo debido, otros cuando no deberían atormentarnos en absoluto. O aumentamos el dolor, o lo anticipamos o lo imaginamos. –Séneca.

No existen los acontecimientos buenos y malos. Simplemente existen. Es nuestro propio juicio el que les asigna etiquetas. Los acontecimientos simplemente son.

“El viento no puede agitar una montaña. Ni el elogio ni la culpa mueven al hombre sabio”. Rudyard Kypling creía que el elogio y la crítica son dos impostores. Si vivimos para el elogio, cuando nos critiquen caeremos al fondo del pozo. Centrémonos, por tanto, en construir, desde los cimientos, unos valores, unas disposiciones interiores que no hagan depender nuestros estados emocionales de vientos externos.

La aceptación es la distancia que hay entre lo que “debería ser” y lo que “es”. –Mónica Cavallé.

Todo el tiempo que perdemos en intentar cambiar lo que no podemos cambiar, es tiempo que perdemos en seguir adelante. Cuando aceptamos, con amor, paciencia y buena disposición, que no podemos cambiar lo que ya ha ocurrido, ganamos en serenidad.

Ninguna cantidad de ansiedad cambiará tu futuro, y ningún arrepentimiento cambiará tu pasado.

La paz se encuentra en la aceptación:

  • Acepta la imperfección.
  • Acepta la incertidumbre.
  • Acepta lo incontrolable.

No tienes por qué entender, tolerar o incluso olvidar algo, pero si quieres paz, debes aceptarlo.

Acepta las cosas que no puedes cambiar.

✍️ Práctica:

  • Haz una lista de las cosas que puedes controlar (puedes usar la lista que hay arriba como referencia inicial). Cuando tengas una preocupación o una ansiedad, búscala en tu tabla. ¿Está ahí?
  • La siguiente vez que alguien te saque de quicio, intenta no reaccionar inmediatamente. Para, reconoce tus emociones y después, tras respirar, elige cómo quieres reaccionar.