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Cómo cuidar tu diálogo interno

Una reflexión práctica sobre cómo observar, entrenar y limpiar la conversación que mantienes contigo mismo.

Si alguien te hablase como tú te hablas a ti mismo, ¿qué pasaría?

Probablemente te enfadarías con él, pensando que es una persona injusta y maleducada.

¿Por qué nos esforzamos tanto en que nos respeten los demás? ¿Y por qué nos esforzamos tan poco en ganarnos nuestro propio respeto?

Una de las cosas que más han mejorado mi serenidad y mi calidad de vida es darme cuenta de la manera en la que me hablo a mí mismo.

Soy una persona muy exigente con sí misma, hasta el punto de martirizarme, enfadarme e insultarme a mí mismo cuando cometo algún error.

Pero eso solo alimenta mi frustración y me mete en una espiral de negatividad.

Tu mundo está teñido por el color de tus pensamientos.

Pensamientos positivos, sentimientos positivos. Pensamientos negativos, sentimientos negativos.

Poco a poco empecé a reconocer estos pensamientos y los patrones que los invocan, e intenté parar y darme cuenta de que estaba siendo injusto conmigo mismo y que no me merezco este trato.

Estos son algunos ejemplos de pensamientos que he sustituido:

  • Me quiero morir → Me siento abrumado.
  • Soy una mierda, no puedo hacer esto → Es un reto, es normal sentirse intimidado.
  • No les voy a caer bien → No tengo que gustarle a todo el mundo, mi personalidad es válida tal y como es.
  • Cómo se me ha podido olvidar esto → Es difícil gestionar tantas cosas, puedo mejorar mi organización.
  • Por qué me pasa esto a mí → Esto puede ser una oportunidad para mi crecimiento personal.

Tu cuerpo no sabe cómo mentirte. Tu mente te miente todo el rato.

Además de mis pensamientos, también me fijo mucho en mi sensación corporal.

Cómo interpretas tu sensación corporal define tus emociones. Por ejemplo, cuando aumenta tu ritmo cardíaco, podría ser interpretado como nerviosismo o como entusiasmo. Dos estados muy diferentes.

Otro truco que he aprendido con el tiempo, es no hacer demasiado caso a mis pensamientos ni tomar decisiones importantes cuando es tarde por la noche, cuando estoy enfadado, cansado o triste.

En esos estados, no somos nosotros mismos al 100% y no pensamos con claridad. Y al menos en mi caso, es cuando más aparecen este tipo de pensamientos autodestructivos.

Es un trabajo diario. Tu diálogo interno no va a mejorar de la noche a la mañana. Pero si le prestas atención y lo cuidas, notarás una gran diferencia muy pronto en tu estado interno.

En resumen:

  • Sustituye poco a poco tus pensamientos autodestructivos por pensamientos constructivos.
  • Presta más atención a tus sensaciones corporales y menos a tus pensamientos.
  • No hagas demasiado caso a tus pensamientos cuando es tarde, estás enfadado, cansado o triste.

¿Cómo gestionas tu diálogo interno? ¿Te ha pasado algo así alguna vez? ¡Te leo en los comentarios!