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El antídoto contra la amargura
Una reflexión sobre la gratitud como práctica para resistir la amargura y recuperar paz.
Con el frenesí en el que vivimos día a día, los días parecen una mera cadena de tareas que completar. Es fácil frustrarnos y volvernos una persona amargada.
¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? ¿Por qué otros no tienen estos problemas? ¿Por qué la vida no me da un respiro?
Es fácil que estas situaciones nos abrumen. Es normal, cada uno de nosotros libra una batalla invisible al mundo. Y es nuestra responsabilidad ganar esta batalla y ayudar a los demás en la suya.
El antídoto más potente que conozco para combatir estos pensamientos y estas sensaciones es la gratitud.
No puedes estar resentido y agradecido a la vez. Uno anula al otro.
Estas son algunas de las formas en las que la practico. Por supuesto, adapta, prueba y descubre qué es lo que te funciona a ti.
Pequeñas dosis de gratitud
A lo largo del día, párate durante unos segundos para apreciar los momentos preciados:
- Cuando vayas a comer, agradece que disfrutas de la suficiente riqueza como para no pasar hambre y trata de no desperdiciar ningún alimento. Normalmente, junto las manos y cierro los ojos durante unos segundos para agradecer por esta comida.
- Cuando estés disfrutando y riendo con tus seres queridos, piensa en lo improbable que es que se dieran todos los acontecimientos previos para que podáis estar juntos. Recuerda cuánto los quieres (y dilo).
- Antes de dormir, repasa el día mentalmente o en un diario. Piensa en todos los momentos alegres que has vivido y lo afortunado que eres por poder haber pasado otro día más en este mundo.
No des por hecho tus bendiciones
Cuando nos acostumbramos a ciertos bienes o lujos, los damos por hecho. Se nos olvida cómo era vivir sin ellos, y en algunos casos, nunca lo hemos experimentado.
Mis abuelos vivieron durante las hambrunas de la China comunista de Mao. Todavía recuerdo todas las historias que me contaban cuando era pequeño sobre cómo era su día a día.
En comparación, nuestro estilo de vida es mucho más lujoso que los más extravagantes reyes medievales. Disponemos de todo tipo de comodidades de forma increíblemente rápida. No los demos por hecho.
El poeta persa del siglo XIII Sa’adi Shizari lo describió magistralmente:
Lloré porque no tenía zapatos, hasta que conocí a un hombre que no tenía pies.
Agradece a tu yo pasado
No te olvides de agradecer a la persona que te ha llevado a donde estás hoy. Tú.
Si disfrutas de un cuerpo en forma, de una mente en calma y de una casa llena de amor, es gracias a todo el esfuerzo, disciplina y dedicación de tu yo del pasado.
El puesto que tienes, los logros y el estatus del que disfrutas es todo gracias a tu yo pasado.
No olvides de reconocer tus propios méritos, y úsalos para inspirarte de camino a futuros éxitos.
Un ejercicio interesante es escribir una carta de agradecimiento a tu yo pasado.
Aprecia la naturaleza
Si tienes la oportunidad de pasear en un parque, la playa o la montaña, aprecia la grandiosidad de la belleza del entorno: los árboles, la maleza, los ríos, el mar, el cielo, las aves, el aire fresco…
A veces se nos olvida de lo increíblemente bello y vasto que es el universo. De forma casi instantánea, nos recuerda que somos un pequeño hilo en una tela tan grande que somos incapaces de concebirla y que todo está conectado.
Nuestros problemas casi desaparecen al sentir esta inmensidad.
Practicar la gratitud es como entrenar un músculo: requiere constancia, disciplina y dedicación. Pero los resultados son transformadores.
Nos ayuda a ver lo extraordinario en lo ordinario, a valorar lo que tenemos y a reconocer el esfuerzo propio y ajeno que nos ha traído hasta aquí.
Al cultivar una mentalidad de agradecimiento, encontraremos más paz en el presente, mayor conexión con los demás y fuerza para enfrentar los retos del futuro.